¿Comprar o seguir alquilando?

¿Comprar o seguir alquilando?

Supongo que casi todo el mundo se hacer esta pregunta alguna vez en la vida. Cuando llevas unos cuántos alquileres encima empiezas a dudar de si no estarás tirando el dinero. “Si todo este dinero que llevo gastado en alquilar lo hubiese invertido en un piso propio…”. Y uno empieza fantasear en una casa con cuatro habitaciones, cocina abierta, estores a medida, un jardincito… Pero luego vuelves a la realidad.
Desde que me empecé a plantear abandonar el hogar familiar y establecerme por mi cuenta (que en España sucede más tarde lo que debería) siempre pensé que viviría de alquiler. “Nunca compraré un piso”, me decía. Tenía (y tengo) la sensación de que comprar un piso supone atarte a un lugar para el resto de tu vida.
Voy a poner un ejemplo en el que suelo pensar y que me escuece bastante. Compras un piso que te gusta, lo decoras con mucho mimo, los mejores muebles, los estores a medida, todo en su sitio. Y te sientas satisfecho. Pero a los pocos meses llegan unos vecinos nuevos. Unos vecinos ruidosos e inaguantables. Estás perdido para el resto de tu vida…
Esto no pasa si estás de alquiler. Si tienes la mala suerte de que te toca un vecino insoportable (y sé de lo que hablo) haces la maleta y te vas. Esto no es tan sencillo cuando el piso es de tu propiedad.
Por otro lado, cuando ya llevas unos cuantos alquileres también empiezas a necesitar “sentar la cabeza”, decir “esta casa es mía”, y no tener que llamar al casero cada vez que el congelador deja de cumplir su función o se cae el techo a trozos.
El problema principal de comprar un piso ya sabemos cuál es: el dinero. Tal como está el mundo, debes tener bastante dinero ahorrado y un trabajo en condiciones (con contrato fijo a poder ser). Si no eres de los afortunados que puede pagar el piso a tocateja, vas a necesitar hablar con un banco. En el momento en el que entras en al maravilloso mundo de las hipotecas tu vida deja de pertenecerte. Eres del banco. Tendré que seguir pensándolo…

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